sábado, abril 22, 2006
Crónica de un concierto de jazz
Transcripción de un correo electrónico enviado por mi prima comentando un concierto de Jazz de un chico prodigio siciliano y su cuarteto.
Darling, lo prometido es deuda así que te envío la crónica de una noche de Jazz. Acabo de releerlo y resulta todo como un poco surrealista pero te juro por snoopy que fue así como ocurrió y debo apuntar que no me encontraba bajo los efectos del alcohol ni de las drogas.
Querida prima Calpurnia
Me pedías hace unas semanas mi opinión sobre el concierto de ayer, pués bien, he decidido que no te la voy a dar.
Mi opinión no tendría ningún valor porque no tengo ni idea de música. Y para que veas que he aprendido algo de tí: "no voy a opinar sobre algo que desconozco".
Lo que sí puedo hacer es contarte lo que sentí. Los sentimientos son personales y no necesitan justificación de ningún tipo, además ni siquiera tienen porque coincidir con los de los demás. Así que me parece más apropiado.
Antes de llegar me sentí enfadada porque no encontraba donde aparcar. Dí un par de vueltas y decidí meter el coche en el Parking. Después de ir corriendo para hacer cola en la entrada me sentí preocupada porque una chica comentó que la sala no era muy grande y tal vez no íbamos a caber todos. De pronto ví a un primo mío y me alegré de encontrarmelo porque hacía tiempo que no nos veíamos, así que esperamos juntos a que abriesen la puerta. Al fín nos sentamos con sus amigos y me sentí aliviada por haber logrado el objetivo de poder escuchar el concierto.
Hasta aquí todo lineal y ordenado pero después de cinco minutos de música todo se volvió un poco más complicado así que te haré una lista para ver si consigues hacerte una idea:
Darling, lo prometido es deuda así que te envío la crónica de una noche de Jazz. Acabo de releerlo y resulta todo como un poco surrealista pero te juro por snoopy que fue así como ocurrió y debo apuntar que no me encontraba bajo los efectos del alcohol ni de las drogas.
Querida prima Calpurnia
Me pedías hace unas semanas mi opinión sobre el concierto de ayer, pués bien, he decidido que no te la voy a dar.
Mi opinión no tendría ningún valor porque no tengo ni idea de música. Y para que veas que he aprendido algo de tí: "no voy a opinar sobre algo que desconozco".
Lo que sí puedo hacer es contarte lo que sentí. Los sentimientos son personales y no necesitan justificación de ningún tipo, además ni siquiera tienen porque coincidir con los de los demás. Así que me parece más apropiado.
Antes de llegar me sentí enfadada porque no encontraba donde aparcar. Dí un par de vueltas y decidí meter el coche en el Parking. Después de ir corriendo para hacer cola en la entrada me sentí preocupada porque una chica comentó que la sala no era muy grande y tal vez no íbamos a caber todos. De pronto ví a un primo mío y me alegré de encontrarmelo porque hacía tiempo que no nos veíamos, así que esperamos juntos a que abriesen la puerta. Al fín nos sentamos con sus amigos y me sentí aliviada por haber logrado el objetivo de poder escuchar el concierto.
Hasta aquí todo lineal y ordenado pero después de cinco minutos de música todo se volvió un poco más complicado así que te haré una lista para ver si consigues hacerte una idea:
- Me sentí como en medio de una película sobre los años 20.
- Como si estuviese conduciendo en medio de un atasco de tráfico.
- Como cuando estás con varias personas que empiezan a hablar sobre algo que tú no sabes y te sientes perdido.
- Como si estuviese en una gran fiesta.
- Sentí aburrimiento cuando no sonaba el saxofón durante mucho rato y el resto del grupo tocaba lo que a mi me parecía sólo una melodía de acompañamiento.
- Me pareció como si todo fuese un juego y los músicos estuviesen tocando cada uno a su manera hasta que de repente conectaban y surgía una melodía de todo aquel caos.
Sentí como si me encontrase en un club de Chicago durante la ley seca. - En algún momento me pareció estar en medio de una pelea matrimonial en la que se tiran todos los platos a la cabeza.
- También sentí como si me estuviese cayendo de un edificio muy alto cuando el saxofonista tocaba un montón de notas desordenadas muy rápidamente (esto es curioso porque nunca me he caído desde tanta altura aunque doy fe que me he caído muchas veces).
- Y por último sentí preocupación por la integridad física de Francesco Cafiso cuando inclinaba tanto su cabeza hacia atrás que parecía que se iba a golpear con la tapa del piano.
- Cuando salí estaba cansada porque era tarde y porque la decoración estilo Zen de la sala de conciertos queda muy bonita pero resulta incomodísima.
- También sentí que necesitaba un respiro para reordenar otra vez mis neuronas en su sitio.
No creo que a tí todas estas incongruencias juntas te sirvan para nada pero si coge este correo un psicoanalista creo que a mi me encierran para el resto de mi vida.


